Retroanálisis - Wario Land 3
Los problemas de los demás no me importan, pero si hay tesoros de por medio… ¡A la aventura!
- Javier Aranda
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Wario nació como un enemigo final muy anecdótico en Super Mario Land 2, pero Nintendo quiso darle protagonismo a este personaje en el siguiente juego que tenían entre manos para GameBoy, y fue recibido por prensa y jugadores con los brazos abiertos. Pese a ser una nueva cara, el título recordaba demasiado a los de Mario, así que optaron por darle más personalidad en las dos entregas siguientes de esta saga que estaba cociéndose y que tuvo el honor de ser la cara plataformera de GameBoy Color.
Wario Land 3 nos lleva de nuevo a encarnar al bigotudo más avaro de todo el mundillo, pero esta vez no hay ciertos piratas creando problemas y su castillo está tranquilo. Wario va en avioneta buscando riquezas y oportunidades, como siempre, cuando se estrella en una isla y el destino quiere que encuentre una caja de música muy bonita, pero sobre todo y mucho más importante, con pinta de valer mucho dinero. Dicho artefacto resulta ser mágico y absorbe a nuestro protagonista en su interior, donde un ser en la sombra nos pide que lo liberemos entregándole cinco artefactos musicales - cosa que tampoco es que nos importe demasiado -, pero cuando nos comenta que todos los tesoros que encontremos podremos quedárnoslos, decidimos explorar el mundo de la caja musical en busca de todo lo que podamos hallar con algo de valor (¡ah! y también esos artefactuchos).
A diferencia de lo que se solía ver en otros plataformas, Wario Land 3 nos ofrece sólo veinticinco fases, pero todas ellas con un factor de exploración importante y con distintos tesoros que conseguir – al estilo de las estrellas de Super Mario 64. Para obtenerlos tenemos que encontrar sus cofres y también las llaves necesarias para poder abrirlos, con lo cual tenemos dos tipos de objetos importantes que encontrar. Cada fase tiene cuatro combinaciones de llave-cofre catalogadas por color (gris, rojo, verde y azul) donde el primero de ellos es el más simple de encontrar; y el último, el que requerirá una visita al nivel mucho más adelante.

Pero espera, ¿no se pueden coger todos los tesoros de una fase de primeras? Aquí es donde entran en juego dos factores muy importantes en este título: los Power-Up y los tesoros modificadores. De primeras, Wario es un completo inútil y no podrá coger enemigos ni romper bloques saltando (el pobre no sabe qué le pasa, debe ser culpa de esta maldita caja), pero ciertos cofres albergan mejoras que harán que poco a poco nuestro héroe de gorra amarilla vuelva a estar en completa forma, y que incluso sea capaz de hacer más cosas de las que podía. Estos Power-Up nos permiten ir por caminos que parecerían de otra manera imposibles, y así acceder a lo más importante: más tesoros.
Algo parecido ocurre con los modificadores, pues al conseguirlos cambiarán el mundo de la caja de música, creando caminos hacia niveles nuevos o provocando variaciones en aquellos a los que ya podemos acceder (por ejemplo, vaciar de agua un estanque) y esto, de nuevo, nos permite que seamos capaces de llegar a zonas de las fases que antes puede que ni estuvieran presentes.
Otra característica a destacar de Wario es que es inmortal, no importa los golpes que reciba ni a donde caiga, siempre podrá reponerse y volver a la acción – aunque a veces esto nos cueste dar muchas vueltas, sobre todo en los enfrentamientos contra los jefes. Sin embargo, algunos enemigos sí que nos harán algo especial… nos transformarán en distintas variaciones de Wario, como puede ser una versión vampiro, una ardiente, otra aplastada, y algunas más que por seguir con la tónica del juego, nos permitirán acceder a lugares a los que no sería posible de otra manera. Pero no sólo estarán para eso, ya que muchas veces estos enemigos particulares existen sólo para fastidiar, y harán que no seamos capaces de avanzar porque será necesario permanecer en estado un `normal´ para ello, y además nos obligarán a repetir nuestros últimos movimientos.

Por si tuviéramos poco con las plataformas, el juego nos propone un reto tras otro. Una vez completada la historia principal podremos seguir jugando para conseguir todos los tesoros restantes y así ser premiados con un modo contrarreloj para todas las fases. Disponemos también de un minijuego de `golf´ para echar partidas rápidas, un modo que podrá verse recompensado con más pistas si cumplimos una tarea bastante enrevesada: encontrar ocho monedas que hay en cada una de las fases. Y no basta con haber ido cogiéndolas a lo largo del juego, hay que conseguirlas de una sola tacada, algo que nos obligará a que estemos ya con la fase modificada al máximo para poder hacerlo.

Así que este Wario Land 3 nos deparó en su día – y sigue consiguiéndolo actualmente en la consola virtual de Nintendo 3DS – un juego de plataformas que apuesta por la exploración y la rejugabilidad de un nivel una y otra vez, ofreciendo así algo distinto, y donde el factor coleccionista es el verdadero protagonista.
Veredicto
Un título de plataformas en el que encarnas a un protagonista inmortal, y donde lo importante es pensar y resolver los puzles que se van presentando. Tiene pocas fases, pero con varios caminos y modificaciones a lo largo de la aventura.
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