Revogamers

Retroanálisis - Diddy Kong Racing

Monerías por tierra, mar y aire.

  • Javier Aranda
  • 5 min de lectura
  • 373 visitas

Ser el sexto juego más vendido de una consola tiene mérito, pero más aún cuando hay un vende-consolas de tu género pululando por el podio. Es el caso de Diddy Kong Racing (DKR), que a pesar de que Mario Kart 64 estaba ahí, consiguió hacerse un hueco y ofrecer lo que creo que Rare intentaba en varias ocasiones: coger una idea de Nintendo e intentar mejorarla a su manera. De esta manera nace un título de karts con simpáticos personajes que se centra en aspectos que no se trabajaban tanto en las carreras del fontanero: modo un jugador y diversidad de vehículos.

Teniendo como estandarte al leal compañero de Donkey Kong, Diddy Kong Racing presenta además otros nueve personajes controlables (siete de inicio y dos secretos, pero todos con estadísticas diferentes), los cuales hacen su debut en este juego. Algunos de ellos se convertirían después en estrellas protagonizando grandes joyas, como Banjo y Conker, y otros serían carne de cameo como la tortuga Tiptup, pero no por ello el resto de la plantilla desmerecía, ya que todos rebosan carisma. Tenemos además a un genio elefante que nos sirve de guía y un malvado cerdo del espacio llamado Wizpig que siembra el caos por donde pasa.

¿Un enemigo en un juego de carreras? Con él llega una de las bazas de este título: un sólido modo historia de larga duración y que ofrece carreras tradicionales además de otros retos que son algo diferentes. Este modo se desarrolla en un escenario abierto (que oculta secretos) por el que podremos movernos y así llegar a los diferentes mundos que hay en el juego, cada uno de los cuales posee sus cuatro carreras y un duelo contra un jefe. Para darle cierta linealidad a la historia y de paso ofrecer un reto, debemos coleccionar una serie de globos para ir accediendo a los distintos niveles, que se encuentran en su mayoría dentro de las carreras como premio al vencedor.

Cada mundo tiene siempre la misma estructura. Debemos ganar cuatro carreras alocadas con objetos para acceder al jefe, al que debemos vencer en una carrera 1vs1 en la que no nos podemos permitir muchos fallos. Una vez derrotado, tendremos que completar de nuevo las fases, pero esta vez no basta con quedar primero, sino que también tendremos que encontrar ocho monedas de plata que están repartidas a lo largo del circuito (a veces bastante escondidas), todo ello para poder volver a desafiar al jefe, esta vez en una carrera más complicada. Nuestro premio por vencerle será un trozo de medallón para acceder a la guarida de Wizpig y se nos ofrecerá también la posibilidad de disputar un `trofeo´ con las cuatro carreras, lo que sería el equivalente al Grand Prix de Mario Kart.

Retroanálisis - Diddy Kong Racing

Pero la cosa no queda ahí. En cada mundo hay una llave escondida que nos dará acceso a una arena de batalla, un modo de competición en el que no tendremos que correr y ganar, sino derrotar a nuestros oponentes en una prueba donde las armas y los objetos secundarios son los protagonistas. Completar estas arenas, junto con los trofeos, nos permiten el acceso a un quinto mundo final al que se puede acceder después de vencer al cerdo Wizpig en un duelo. Superar este mundo después de conseguir absolutamente todo desbloqueará un nuevo modo historia, más difícil, en modo espejo y con algunos cambios.

También está trabajado el mundo exterior por el que nos movemos. Pese a que puede parecer vacío y soso, oculta algunos secretos y sirve de circuito para los retos de vehículo que nos ofrece Taj el mago, unos retos que sirven de paso para practicar el control de cada vehículo. Aquí está la otra gran distinción de este juego, el uso de diferentes vehículos: coche, hovercraft y avión; para tierra, agua y aire respectivamente. En un principio cada nivel tiene un transporte asociado, pero en algunos de ellos tendremos la opción de elegir el que más nos guste, y así de paso ofrecer un circuito con diferentes posibilidades. Las físicas de movimiento de cada uno de ellos está muy bien lograda, especialmente el hovercraft en el agua, tan bien conseguida que más de una vez nos dará un dolor de cabeza y desesperación por no tener un movimiento más tradicional en las curvas.

Pero un modo historia no es lo único que puede ofrecer DKR. Tenemos contrarrelojes con un tiempo ajustado a superar (pero con una recompensa suculenta si los vencemos todos) y, por supuesto, un modo carrera para competir sólo o con amigos – la manera de conseguir que el juego sea eterno. Jugar con gente siempre es divertido, y los juegos de carreras son una de las mejores opciones que hay, y DKR cumple muy bien su papel. 

Retroanálisis - Diddy Kong Racing

Otro detalle interesante en este título son los objetos power-ups. En lugar de ofrecer una lista enorme, sólo dispone de cinco de ellos, cada uno disponible dentro de globos de un color determinado, por lo que no hay tanto lugar al azar como ocurre en Mario Kart. Por otra parte, en caso de que atravesemos varios globos de un mismo color seguidos, nuestro objeto puede cambiar hasta dos veces, obteniendo así una versión mejorada del mismo, con lo que se pretende que el usuario quiera perseguir un power-up determinado en un nivel concreto y tenga que esperar hasta que pueda tenerlo disponible, una manera de crear `tácticas de carrera´.

Retroanálisis - Diddy Kong Racing

Basicamente, Diddy Kong Racing sentó bases, muchas de ellas serían usadas luego por otras compañías e incluso en la propia Nintendo en Mario Kart. La pena es que una segunda parte nunca se verá por la marcha de Rare a Microsoft, pero al menos hay una versión de este clásico en Nintendo DS, con algunas mejoras y cambios (entre ellos, de personajes por tema de propiedad) que puede disfrutarse estos días. Sin lugar a dudas, ya sea el remake o el original, esto es una joya que fans de Rare, de la soberbia música de David Wise o de Mario Kart no pueden perderse.

¿Qué te pareció Diddy Kong Racing? ¿Te gustaría una segunda parte, verlo en la Consola Virtual?

Escrito por Javier Aranda

Lo más leído en Análisis

Ver todos →