Portada » Análisis » Nano Assasult Neo

Nano Assault Neo

Un arcade orgánico

Nano Assasult Neo - AnŠlisis

Desde que se mostró por primera vez, Nano Assault Neo llamó la atención. Por un lado, no hay más que ver la trayectoria de Shin´en como para darse cuenta de que le han cogido el tranquillo a esto de los arcades. Ya se vio en las primeras demos y la versión definitiva del título ha cumplido todas las expectativas que se habían depositado en él.

Los primeros títulos de la saga Nano fueron dos grandísimos shooters (de los marcianitos de toda la vida, no de los FPS que tan de moda están ahora) para Nintendo DS, mucho más cercanos de la vieja escuela de las recreativas que cualquier otra producción de la portátil de Nintendo.

Con Nano Assault Neo se busca dar una vuelta de tuerca y mezcla varios conceptos interesantes, combinando el frenetismo y los controles de otro ya clásico del panorama arcade como es Geometry Wars y llevándola a las plenas 3D.

Y es que los escenarios de Nano Assault Neo son células, escenarios no demasiado grandes pero que se retuercen sobre sí mismos, con formas esféricas y tubulares. Tanto nuestra nave como los enemigos se mueven por esta superficie sin ningún problema, lo que, unido a una gran cámara, ofrece diversas situaciones de lo más desafiantes.

Lo más divertido es no saber de dónde te vendrá el siguiente ataque. Los enemigos no paran de brotar y tenemos que estar en constante movimiento. Hay niveles cuya forma permite ver mucho de lo que tenemos alrededor, pero hay otros, más tubulares, que limitan mucho lo que hay al otro lado de la curva. Puede que si nos movemos en esa dirección tengamos a media docena de enemigos esperándonos al otro lado, ansiosos por destrozarnos, o que haya uno invisible, esperando su oportunidad de dejarnos secos.

Análisis de Nano Assault Neo

No hay mucha variedad de enemigos (tampoco hay muchos niveles, un total de dieciséis) pero los escenarios son todos sorprendentes y están brillantemente ejecutados. Como se ha mencionado en textos anteriores, a pesar de que estemos en el interior de un cuerpo humano y que la acción se desarrolle encima en células, la sensación general es que se trata de asteroides en planetas extraños, con su propia flora y configuración del terreno. Un aspecto alienígena que, curiosamente, es muy parecido al que se puede observar con un microscopio.