Mushroom Men: The Spore Wars
Ratas, topos, conejos y muchos hongos con ganas de convertirte en revuelto de champiñones. Encarnar a un Boletus inteligente no hace más que complicarte la vida.
- Luis Gil
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Era un día como cualquier otro, la vida continuaba con su habitual rutina y la humanidad seguía con sus quehaceres. Sin embargo, aquel día cayó un extraño meteorito, no causó destrozos ni daños materiales, por lo que no se le dio mucha importancia. Pero este meteorito emanaba un gas verde que los científicos creían inofensivo. Craso error. Estos vapores alteraron a criaturas más pequeñas, en especial a los hongos, quienes adquirieron inteligencia y empezaron a fabricar y utilizar todo tipo de instrumentos.
Todo esto suena a la introducción de una película de terror/ciencia ficción de serie B de los años 50; pero no, hablamos de un videojuego del siglo XXI: Mushroom Men: The Spore Wars. Precisamente la primera sensación que te transmite es de estar inmenso en una película cutre de las antiguas, de aquellas donde los monstruos surgían de los pantanos, todo pueblo tenía su hombre lobo local, los insectos eran gigantescos y los marcianos (porque nunca venían de un planeta distinto a Marte) eran verdes, canijos, cabezones, con antenas y ojos negros grandes. Ya que estamos inmersos en una atmósfera propicia, es hora de ir rumbo a la aventura.
Encarnaremos a Pax, un Boletus que, sin darse cuenta, ingirió el pedazo de meteorito que veneraban religiosamente en una aldea de champiñones. Para reponer el daño realizado, a Pax no le queda otra que salir a buscar otro trozo de meteorito... el problema está en que tampoco deja de tragarse todos los trozos de meteorito que va encontrando, así que busca ayuda entre aquellos que pueden saber qué sucede con esos pedazos. Esta búsqueda nos lleva a estar en medio de una guerra entre hongos de diversas especies así como depredadores mamíferos de medio kilo de peso. Estamos solos en un entorno hostil.
Pax no es precisamente un ser indefenso, recolecta objetos desechados por los humanos (los encontrarás rompiendo una especie de huevos con sorpresa interna) para construir armas. El catálogo de armas es ciertamente extenso, tienes más de veinte posibles para fabricar. Si bien estas armas ofrecen cierta variedad, a la hora de la verdad se pueden agrupar en cuatro tipos: las cortantes dedicadas a dar estocadas, las cortantes dedicadas a dar tajos horizontales, los contundentes pseudomartillos y cuatro armas más especiales que, usando un tipo de energía o munición, arrasan quemándolo todo o cortan con una sierra giratoria. A medida que vayas avanzando y recolectando ítems, podrás fabricar nuevas armas de estos tipos más potentes. Cabe mencionar que si este apartado ofrece algo de variedad, el combate en sí no es nada del otro mundo. Olvídate de combos, si quieres pasar del ataque simple, como mucho podrás encadenar tres ataques o atacar mientras estás en el aire. La variedad de estilos de lucha sólo la dicta el tipo de arma que uses.
Pero no sólo de zurrar usando un lápiz con un trozo de cristal roto pegado vive Pax. Para ser una seta algo paticorta salta bien y puede aprovechar la morfología de su cabeza para planear durante un rato. También tiene poderes paranormales la mar de interesantes: la esporokinesis. Haz crecer plantas o mover cosas con el poder de tu ancha cabeza, y si estás en medio de un combate, emplea estos poderes para rematar a otros hongos. Como viene siendo tradicional en este tipo de "magias", habrá que procurar que el medidor correspondiente esté suficientemente lleno para emplear tus poderes. Cabe mencionar que el uso de esporokinesis requiere el manejo del puntero, según aquello a lo que estés apuntando podrás hacer diversas acciones, como si de una aventura point & click se tratase. Además, a lo largo del juego podremos disponer de ítems especiales para emplear en nuestra aventura, como por ejemplo una mano elástica y pegajosa.
Cada escenario se corresponde con un entorno amplio pero uniforme en su temática: una lúgubre habitación, un restaurante japonés, un cementerio... Quitando el breve tutorial en la aldea y un primer nivel bastante lineal, cada capítulo del juego nos deja solos a nuestras anchas. Y tan solos (prácticamente no se interactúa con personajes que no sean enemigos). Los escenarios son grandes en las tres dimensiones, ya que no suelen consistir sólo en una sala de varios metros cuadrados sin más con sus paredes y sus habitáculos, sino que también habrá que saltar una vez tras otra para escalar hasta el techo. Ríete tú ahora de tu cuarto de baño, que cuando controles a Pax te parecerá un gran valle con sus altas montañas alrededor. Estos niveles invitan a la exploración libre. Si bien cuentas con unos objetivos principales, si realmente quieres controlar todas las armas disponibles tendrás que patearte el escenario. Igualmente hay más premios que incitan a la búsqueda incansable de trastos perdidos: trozos de meteorito (cada X meteoritos recogidos aumentarán tus características), objetos que se traducen en bocetos del juego, etc.
Estos escenarios tienen en principio los obstáculos tradicionales: enemigos acampando a sus anchas (topos, conejos, arañas, escorpiones, otros hongos en pie de guerra...), saltos de todo tipo, escaladas minuciosas, algún que otro puzle... pero hay que añadirles un ligero inconveniente: no tenemos mapa de ningún tipo. Con este pequeño detalle presente, la sensación de soledad es mayor y encontrarse perdido cuando no sabes qué hacer es más común; multiplíquese estos efectos si encima buscas los ítems escondidos no obligatorios sin referencia alguna. También hay que añadirle que el guardado de la partida se hace únicamente a través de Check Points en determinados momentos de la aventura (un par por nivel), así que se quiera o no toca echar un rato largo para guardar la partida. Si bien lo primero puede ser intencionado por parte de los desarrolladores, lo segundo se hace algo incómodo cuando hay prisas de algún tipo. Eso sí, que el no poder guardar la partida cuando quieras no te eche para atrás en el combates, si mueres (sabrás la vida que te queda según lo intacta que esté tu cabeza) simplemente reaparecerás a unos pocos pasos de donde perdiste la vida.
Las partes plataformeras están bien cuidadas, en realidad no hay una única opción válida para llegar a un punto elevado, ya que a menudo podrás buscar diversos caminos según tu habilidad te permita llevarlos a cabo. Hay saltos largos para probar el planeo, saltos donde habrá que caer con precisión en una localización muy reducida, escaladas usando la mano elástica, plataformas móviles, etc. Es aquí dónde Mushroom Men despliega todo su potencial a través de una mezcla muy rica de todos los elementos ya citados. Los niveles se superan de formas diversas: acabando con algún jefe final, llegando a cierto punto del escenario o cumpliendo los objetivos propuestos pero sin un orden predeterminado por ejemplo.
Visualmente el juego supera la media. Distinguirás su apartado artístico por el detalle de los coloridos decorados (aunque predominando tonos verdes y marrones), con alguna que otra referencia externa al propio juego; por los buenos modelados y unas tonalidades más bien oscuras, pegando bien con la atmósfera de cine de serie B de los 50 sobre sucesos paranormales como comentamos anteriormente. Quizás algunos aspectos concretos tengan un acabado poco conseguido (hay que mejorar algunas texturas); pero trabajo se ha puesto, cada escenario es único, y eso el detalle artístico lo refleja perfectamente. Eso sí, los mapeados a veces pueden parecer inertes; pero eso es más bien consecuencia de la soledad en la que nos encontramos. Mención especial a la cámara, tan libre que hasta puede servir para controlar la acción.
En cuanto a la música, sencillamente correcta. La banda sonora es un buen fondo con sus peculiares melodías; aunque no termina despertando un interés especial que marque la diferencia. Los efectos de sonido son suficientes y no suelen llegar a molestar. Eso sí, no hay voces. Esto también, el juego nos llega en perfecto castellano.
La duración del juego es muy variable a gusto de jugador, un nivel puede durarte 15 minutos como una hora entera, todo depende de cuánto estás dispuesto a perderte explorando cada rincón perdido. La rejugabilidad depende de las ganas de cada uno de tener el 100% de ítems y extras. También cabe mencionar que hay aspectos mejorables y, si bien han puesto interés en los detalles, hay otras pequeñas cosas que faltan por pulir. El puntero no destaca demasiado sobre el escenario y no se nota demasiado cuando cambia la acción que se puede realizar con él, el menú de inicio es algo confuso y los subtítulos son demasiado pequeños y no se distinguen a veces por coincidir algunos colores del escenario. Son aspectos sencillos que no costaba nada detectarlos y arreglarlos, o por lo menos mejorarlos.
Conclusión:
Mushroom Men: The Spore Wars termina siendo un juego de notable. Las intenciones de Red Fly han acabado en buen puerto; pero ha faltado dar la puntilla. Algunos puntos en principio intrascendentes pueden volverse incómodos a la hora de jugar y no hay más reto de verdad que sacar todo el jugo de cada escenario.
No obstante, estamos ante un proyecto valiente, de los que se ven pocos (y cada vez menos) en la industria con su propio encanto. Otros intentos acabaron sin pena ni gloria, Mushroom Men por lo menos puede presumir de haber dado la talla como videojuego.
Veredicto
Mushroom Men nos enseña que no es necesario ser micólogo o vivir en el universo Mario para disfrutar de los hongos en un videojuego. Plataformas y aventura con mucha exploración y no menos armas en entornos maravillosamente recreados. Sencillamente, un juego con su propia personalidad.


