Lo de NX es completamente normal; la flipada general era la de la gente que la veía para este 2016. Y NX se va a 2017 no por una mala visión comercial o porque les haya pillado el toro con los desarrollos; sino porque, no nos olvidemos, la idea central en torno a la cual va a girar la nueva consola es algo que ha empezado hace un mes escaso y que necesita madurar a lo largo de este 2016: los juegos en móviles.
Animal Crossing ya ha asomado la patita: sinergia con el juego de consola, que no irá para Wii U, sino para NX, de lanzamiento. Y lo mismo pasará con ese Fire Emblem, que también tendrá su contrapartida en NX tarde o temprano, probablemente también de lanzamiento.
Y bueno, el E3, reconozcámoslo, a estas alturas ya da igual. Si viviéramos en 1996, igual sí era una catástrofe ir al principal escaparate mediático con un solo juego; pero en una época en la que tienes la capacidad de mandar un mensaje a nivel global en cualquier momento y potenciado mil veces mejor por tus propios canales de difusión que por una feria local, no hay mucho que lamentar...
Nos empeñamos a pensar en el futuro con esquemas del pasado, y tenemos que darnos cuenta ya de una vez que los cambios que se avecinan en Nintendo son tantos y tan profundos que no podemos medirlos con la misma vara de siempre. Este 2016 es el año del cierre no sólo de una generación, sino de una manera de entender el modelo de negocio de la propia Nintendo; y cagada ninguna, las navidades están comercialmente cubiertas de sobra con Pokemon Sol/Luna y Dragon Quest XI (en Japón, supongo) más las migajas que convengan.
Ahora, lo que sí me parece de traca matraca es lo de Zelda. Lo mínimo que podría hacer Nintendo por los usuarios de Wii U es dignarse a sacar este juego en 2016. ¿A quién pretenden engatusar reservando una saga comercialmente en declive que sobrevive más por prestigio cultural que por rendimiento económico? Lo de Twilight Princess en Wii fue un espejismo, una conjunción de astros única y exclusiva que no se va a volver a repetir ni de lejos con este Zelda U; lo que en su momento era el juego más deseado por todos en un formato casi de ensueño gracias al atractivo inicial del Wiimote ha evolucionado en estos 10 años a una saga comercialmente deprimida a la que le cuesta asomar la cabeza por encima de los 4 millones en consolas con un parque de 100.
Y que me parta un rayo si yo no amo a Zelda como el que más; pero de mis gustos personales a la realidad del mercado actual hay una distancia muy larga que si yo soy capaz de ver, Nintendo también debería.
Zelda U sólo tiene relevancia para el corefan, y teniendo en cuenta que el corefan es el único que se ha comprado Wii U, lo menos que podría hacer Nintendo es esforzarse en regalarles un juegazo a pesar de todo, en agradecimiento por seguir apostando por ellos, en vez de escupirles en la cara y usarlo de canto de sirena para su nueva consola mientras se parten la cabeza en idear el gancho que consiga atraer a todos los demás. No nos merecemos esto.