Revogamers

Max & the Magic Marker

Rotuladores digitales mágicos. El mercado indie ES diferente.


Gracias a los sistemas de descarga de juegos estamos viviendo una pequeña revolución en el sector. Pequeñas compañías con buenas ideas pueden afrontar los gastos de lanzar un juego al mercado a precio reducido y dejar que sea el público el que decida. Juegos de pequeño presupuesto pero que, en un buen puñado de casos, sorprendentes por su inventiva. En WiiWare tenemos unos cuantos ejemplos: World of Goo, Nyx’s Quest (de producción española), LostWinds… y ahora Max and the Magic Marker.

Max & the Magic Marker

Dibujos simpáticos inspirados en los que podría hacer un niño pequeño con una caja de Alpino y unas animaciones sencillas, pero que poseen la fuerza de los plataformas 2D de antaño. Obstáculos hábilmente situados, enemigos pocos, pero colocados justo en el lugar que más estorban, escenarios brillantemente diseñados, con puzles de todo tipo, desde los evidentes hasta los que se explican a través de sutilísimas pistas. Pero sobre todo, nuestro rotulador mágico, nuestra varita prodigiosa, la herramienta clave para salir airoso de los 15 niveles de esta pequeña maravilla interactiva.

Basta un solo nivel introductorio para comprender la mecánica de juego. Las bolas naranjas son la tinta, las doradas y las negras, nuestro objetivo a recolectar. Con A dibujamos; con B borramos. Con ambos, pararemos el tiempo y lo reactivaremos. Podemos dibujar lo que queramos mientras nos quede tinta (que recuperaremos en cuanto borremos) e interactuar con ello. ¿Qué no llegamos al otro lado del abismo de un salto? Una simple línea hará de puente. ¿Que un enemigo nos acosa? Hagamos un círculo encima de su cabeza. ¿Que no es suficiente? Haz un barullo de líneas, que el círculo esta “vacío” y no pesa. ¿Tampoco? ¿Has probado ponerlo más alto para que caiga con más fuerza?

Max & the Magic Marker

Así pues, la piedra angular es que seremos nosotros los que tendremos que crear nuestras propias plataformas e interactuar con los elementos del escenario para conseguir todas las bolas doradas y negras en cada escenario en el menor tiempo posible (y en la mayoría de los casos, el tiempo que ponen para lograr el bonus es realmente increíblemente reducido, sólo apto para verdaderas máquinas).


La dificultad de los escenarios es creciente y así, las primeras pantallas son la toma de contacto, familiarizarnos con nuestras herramientas y acostumbrarnos a las verdaderas jugarretas del segundo y tercer mundo, en el que nos las veremos y desearemos, no ya para conseguir todos los premios, sino llegar a la meta.
Tendremos que jugar con nuestra capacidad de parar el tiempo en cualquier momento y trazar la plataforma que nos salve del abismo o que nos permita llegar a ese saliente inaccesible. A veces, incluso, será crucial hacerlo para ahorrar tinta, por lo que a veces no es sólo trazar la línea o hacernos la escalera, sino hacerlo de forma eficiente o no podremos completar la figura.

Max & the Magic Marker

Los dos tipos de esferas comprenden dos tipos de puzles. Las doradas están más enfocadas a la recolección. Pasar por las plataformas y recogerlas sin más. Tendremos que rompernos el coco para llegar a ese sitio que parece imposible y conseguir ese trío de esferas, las últimas del nivel. Sin embargo, las negras comprenden muchas veces puzles situacionales y están mucho más ocultas. A veces sólo aparecerán si nos quedamos quietos en un determinado lugar o cogemos un elemento del escenario y lo usamos en algo cercano.

La única pega que se le puede poner a este juego es su corta duración, pero claro, es que nos olvidamos que es de WiiWare y lo bueno siempre se hace corto.
Una nueva forma de demostrar que los estudios pequeños pueden tener grandes ideas. Un título desafiante, ingenioso y que encarna como nadie el espíritu aventurero e invita al jugador a sacar su faceta más creativa.


8,5 Nota de Revogamers

Veredicto

Las plataformas combinadas con los puzles. Es original, accesible, desafiante y, sobre todo, muy divertido. Aunque no es corto te quedas con ganas de más.

Escrito por José Manuel Bringas

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