La estrategia de Sony funciona porque ha ido desde el principio directa a su público objetivo: los hardcore gamers, es decir, los chavales de 14 a 20 y pocos años, que compran muchos juegos durante todo el año, y que están más o menos influenciados por la prensa especializada. Así que está claro: publicidad disruptiva (nosotros somos los jugadores, el resto no) y favor de influencia en los medios (la marca PlayStation siempre ha tenido una imagen positiva desde la prensa, incluso cuando hacía las cosas mal, como los primeros años de PS3).
Esta campaña de publicidad agresiva ya tumbó a Nintendo durante la época de N64 y GameCube, y habría acabado con ella de no ser por el giro de Wii e Iwata. Microsoft estaba condenada desde el principio a ser la segundona que sigue la estela de Sony, y sólo ha tenido un momento de gloria unos años con la 360 por el juego online y las horas bajas de PS3. Pero vamos, ahora mismo Xbox One no tiene sentido como consola más allá de los juegos que Microsoft compra a golpe de talonario; pero dado que ni siquiera los diseña ella, en el fondo su existencia es testimonial, porque de no salir en One saldrían en PS4. La estrategia de publicidad de Sony no es constructiva, es excluyente por definición; a Nintendo ya la echó de su terreno, y con Microsoft no creo que tarde mucho más en hacerlo.
¿Está esto bien, está mal...? Supongo que habría que preguntarle a los "gamers", que son los que al fin y al cabo han picado el anzuelo de Sony. Está claro que el presumible monopilio de PS4 en esta generación no le va a venir bien a nadie más que a Sony y a algunas third parties, las más poderosas, que se irán turnando para lanzar sus AAA que tendrán notazas en la prensa y que los jugadores comprarán en masa a pesar de que internet esté lleno de vídeos que demuestran lo rastrero de su diseño y lo cobarde de su planteamiento. Pero oye, ellos son los que ya están comprando en masa una PS4 sin juegos y cuya proyección de catálogo ha sido un engañabobos constante desde el principio, así que no hay nada de lo que sorprenderse a estas alturas...