Cuando era un jovencito adolescente, pecaba de tener una mente con la capacidad del juicio rápido. Con ello me refiero a generalizar y a catalogar a las personas. A repudiarlas si poseían una capacidad intelectual desaprovechada y a muy bajo nivel.
Creo que todos hemos pasado por esa etapa en la que abrazábamos un “lado oscuro”, permitiendo florecer nuestro alter ego, permitiendo entregarnos a los más impuros pensamientos. Una etapa de “rebelde sin causa” dominada por la ira.
Yo por aquel entonces no albergaba esperanzas para el ser humano. Para mí nuestra especie era una aberración de la creación destinada a ser autodestruida, pero que durante el camino hacia su propia destrucción iba a estar mancillada por las desdichas, la furia, lo salvaje y lo inhumano. Algo que nos ha enseñado la historia cientos de veces.
Si hubiese tenido el poder de un Dios me había declarado enemigo del mundo entero y habría procedido a su destrucción, a su aniquilación total y absoluta.
Si de mi hubiese dependido el destino del mundo y Dios me hubiese dado a elegir entre salvarlo o destruirlo, lo hubiese condenado.
Pasaron los años y mi rebeldía amainó. Entonces fui consciente que mi manera de pensar no era correcta, no debía generalizar jamás a nadie ni catalogarla, porque me vi a mi mismo reflejado en el mundo.
Yo, como individuo completo y libre, había vivido una vida cuyo sendero dictaba mi fortuna y mi estatus social y personal en el presente. Todas las decisiones tomadas y las que debía de tomar en el futuro serían clave para favorecer ese cambio en mi persona. Entonces comprendí que, como yo, el mundo está repleto de gente con la misma historia. No debía generalizar, debía aprender a separarles. No debía repudiar, debía aprender a entenderles.
Debía aprender a tolerar.
Me lancé de lleno en un viaje espiritual y místico, uno que me ayudase a abrir mi mente.
Leí sobre el Tao, el sendero a la iluminación. Abandoné el pensamiento lateral para no ver lo primero que me condicionaba. Abrí mi mente en todas direcciones, una mente tridimensional capaz de desplazarse en todas direcciones para abordar todos los pensamientos desde diversas perspectivas. Me ayudó mucho. Desde entonces he descubierto a quienes solo piensan en 2D, que suele ser la mayoría de ignorantes, y los que piensan más allá de estos límites, que suelen ser personas escasas pero de un carácter muy hermoso.
Creí que lograría entender a la gente, sin embargo, llegados a este punto de “sabiduría”, un nuevo problema de nuestra sociedad me desborda por todos los sentidos de la razón. Este es un nuevo problema que no comprendo y que me condiciona. Os explico a continuación…
Muchos de nosotros perseguimos un ideal, uno que de sentido a nuestra vida o simplemente que nos mantenga ocupados para no divagar y perder tiempo. El activista luchará por la igualdad animal, el patriota defenderá su bandera, el forofo del futbol defenderá los colores de su equipo. Todos tenemos un ideal, el problema de esta sociedad es algo que llamo como “Pensamiento Túnel”, que es cuando nuestra causa se convierte en una lucha que daña al prójimo. No queremos ver otra cosa que el motor que nos da movimiento: nuestro principio, y defenderlo a toda costa, llegando a convertirnos en ignorantes e intolerantes con aquellos de ideas opuestas.
Como seguidor del Tao creo en el equilibrio de las fuerzas que rigen en el universo, y ahora la balanza está desequilibrada.
La única libertad que tiene el ser humano es la libertad de elección, pero tu libertad acaba donde empieza la del otro.
Muchos abrazan sus ideales creyendo que están en el bando de los buenos, pero en el momento que una persona impone su ideología, oprime la libertad.
Siento que el mundo está en constante bombardeo por imposiciones de gente que cree que hace el bien. Desde el que va a ver una película y no acepta malas críticas, al político que no escucha al pueblo. La gente, la televisión, la radio… Todo cuanto oigo son imposiciones, ideales que parecen querer materializarse en este mundo físico a toda costa, ignorando a aquel cuya libertad de elegir lo contrario está siendo privado de su derecho.
Me he sentido tan abrumado por el mundo que me ha sido imposible evitar ver salpicado mi karma por aquellos que poseen un “Pensamiento Tubular”. Yo también he soltado mis creencias y mis pensamientos, espetándolas al viento sin temor a dañar a nadie, pues es lo que lleva haciendo la gente todo el tiempo, a todas horas.
Pero como cuando era joven, me he dado cuenta que eso es un pensamiento retrógrado y no debería ni siquiera contemplarlo.
Llegados a este punto no se como abordar este nuevo tema, de si debería comprenderlo o debería dejarlo por imposible. Sin embargo resulta difícil permanecer sereno cuando hay quienes quieren acabar con la única libertad que posees.
---Shadow 666---
Creo que todos hemos pasado por esa etapa en la que abrazábamos un “lado oscuro”, permitiendo florecer nuestro alter ego, permitiendo entregarnos a los más impuros pensamientos. Una etapa de “rebelde sin causa” dominada por la ira.
Yo por aquel entonces no albergaba esperanzas para el ser humano. Para mí nuestra especie era una aberración de la creación destinada a ser autodestruida, pero que durante el camino hacia su propia destrucción iba a estar mancillada por las desdichas, la furia, lo salvaje y lo inhumano. Algo que nos ha enseñado la historia cientos de veces.
Si hubiese tenido el poder de un Dios me había declarado enemigo del mundo entero y habría procedido a su destrucción, a su aniquilación total y absoluta.
Si de mi hubiese dependido el destino del mundo y Dios me hubiese dado a elegir entre salvarlo o destruirlo, lo hubiese condenado.
Pasaron los años y mi rebeldía amainó. Entonces fui consciente que mi manera de pensar no era correcta, no debía generalizar jamás a nadie ni catalogarla, porque me vi a mi mismo reflejado en el mundo.
Yo, como individuo completo y libre, había vivido una vida cuyo sendero dictaba mi fortuna y mi estatus social y personal en el presente. Todas las decisiones tomadas y las que debía de tomar en el futuro serían clave para favorecer ese cambio en mi persona. Entonces comprendí que, como yo, el mundo está repleto de gente con la misma historia. No debía generalizar, debía aprender a separarles. No debía repudiar, debía aprender a entenderles.
Debía aprender a tolerar.
Me lancé de lleno en un viaje espiritual y místico, uno que me ayudase a abrir mi mente.
Leí sobre el Tao, el sendero a la iluminación. Abandoné el pensamiento lateral para no ver lo primero que me condicionaba. Abrí mi mente en todas direcciones, una mente tridimensional capaz de desplazarse en todas direcciones para abordar todos los pensamientos desde diversas perspectivas. Me ayudó mucho. Desde entonces he descubierto a quienes solo piensan en 2D, que suele ser la mayoría de ignorantes, y los que piensan más allá de estos límites, que suelen ser personas escasas pero de un carácter muy hermoso.
Creí que lograría entender a la gente, sin embargo, llegados a este punto de “sabiduría”, un nuevo problema de nuestra sociedad me desborda por todos los sentidos de la razón. Este es un nuevo problema que no comprendo y que me condiciona. Os explico a continuación…
Muchos de nosotros perseguimos un ideal, uno que de sentido a nuestra vida o simplemente que nos mantenga ocupados para no divagar y perder tiempo. El activista luchará por la igualdad animal, el patriota defenderá su bandera, el forofo del futbol defenderá los colores de su equipo. Todos tenemos un ideal, el problema de esta sociedad es algo que llamo como “Pensamiento Túnel”, que es cuando nuestra causa se convierte en una lucha que daña al prójimo. No queremos ver otra cosa que el motor que nos da movimiento: nuestro principio, y defenderlo a toda costa, llegando a convertirnos en ignorantes e intolerantes con aquellos de ideas opuestas.
Como seguidor del Tao creo en el equilibrio de las fuerzas que rigen en el universo, y ahora la balanza está desequilibrada.
La única libertad que tiene el ser humano es la libertad de elección, pero tu libertad acaba donde empieza la del otro.
Muchos abrazan sus ideales creyendo que están en el bando de los buenos, pero en el momento que una persona impone su ideología, oprime la libertad.
Siento que el mundo está en constante bombardeo por imposiciones de gente que cree que hace el bien. Desde el que va a ver una película y no acepta malas críticas, al político que no escucha al pueblo. La gente, la televisión, la radio… Todo cuanto oigo son imposiciones, ideales que parecen querer materializarse en este mundo físico a toda costa, ignorando a aquel cuya libertad de elegir lo contrario está siendo privado de su derecho.
Me he sentido tan abrumado por el mundo que me ha sido imposible evitar ver salpicado mi karma por aquellos que poseen un “Pensamiento Tubular”. Yo también he soltado mis creencias y mis pensamientos, espetándolas al viento sin temor a dañar a nadie, pues es lo que lleva haciendo la gente todo el tiempo, a todas horas.
Pero como cuando era joven, me he dado cuenta que eso es un pensamiento retrógrado y no debería ni siquiera contemplarlo.
Llegados a este punto no se como abordar este nuevo tema, de si debería comprenderlo o debería dejarlo por imposible. Sin embargo resulta difícil permanecer sereno cuando hay quienes quieren acabar con la única libertad que posees.
---Shadow 666---
