Sunrise escribió:Algunos aquí estaban matando a Xbox One y PS4 antes de que existieran porque decían que la potencia era la muerte de la creatividad y de la propia industria.
¿Acaso no está muriendo la industria y la creatividad?
¿Dónde están Yuji Naka, Yu Suzuki, Keiji Inafune, Hironobu Sakaguchi, Tim Schafer, Ron Gilbert, Warren Spector, Ray Muzyka, Martin Hollins, los hermanos Stamper, Tomonobu Itagaki, Richard Garriot, Shinji Mikami, o John Carmack? Ya te lo digo yo: sobreviviendo en estudios pequeños o gracias a Kickstarter, dando sus últimos coletazos con juegos que casi nadie quiere apoyar, o en su casa contándole a la mujer batallitas de una época que ciertamente era mucho mejor que esta. Y eso que te he puesto sólo los que me han venido así a la mente...
Esta es la industria que tenemos, y la industria hacia la que nos dirigimos. Una industria que en vez de aprender de la gente que la construyó, los expulsa o los aparta. La industria de los videojuegos actual se está aferrando ciegamente a un modelo de negocio que, francamente, poco o nada tiene que ver con los videojuegos, y sólo sabe tirar de gráficos y espectacularidad para llamar la atención del consumidor. Sólo tienes que ver quienes son los gurús intocables que hoy en día mojan las bragas de los gafapastas que hacen las críticas: Ken Levine y David Cage. Uno guionista, y el otro músico; pero ninguno con formación específica o experiencia significativa en el desarrollo de videojuegos.
Están convirtiendo el chiringuito en otro Hollywood a pasos agigantados; pero este sin época dorada, sino podrido y decadente desde su concepción. Es ese modelo de negocio lo que "algunos aquí" criticamos, no la mera existencia de PS4 o Xbox One (bueno, la existencia de Xbox One sí que tiene que ver bastante con ese modelo, pero bueno...). Y nos nos falta razón, cuando todo lo que no es EA, Activision, Ubisoft, Warner Bros, y las que fabrican hardware y motores gráficos, ha sido destruído, prostituído, vejado, o devorado por las grandes y su influencia. Han forzado la maquinaría para quemar la industria, y que sólo sobrevivan los más fuertes. Si eso no es la muerte de la creatividad, la pluralidad, la diversificación y, por ende, de la industria, que venga Dios y lo vea.