Participación 2.
La celulosa asesina.
Sé que no soy el único. Sé que muchos también tenéis un lugar maldito como éste. Por eso mismo sé que os apiadáis de mí como yo me apiado de vosotros y vuestras almas.
Antes era un lugar afable, lleno de luz, pinturas, sacapuntas, lápices... Estaba adornado en su parte superior por pósters de Dragon Ball, los Power Rangers, Zelda y otros héroes de la infancia, en cambio hace unos años, todo comenzó a cambiar.
Las pinturas de madera con el alegre ciervo dibujado en la cajita se transformaron como por arte de magia en rotrings, típex, cartabones y un sin fin de objetos acuñados por el mismísimo Satán. Los pósters coloridos y llenos de acción que hacían volar la imaginación dieron lugar primero al blanco y más tarde a un verde apagado y vacío. La silla cambió, ahora no era divertida sino ergonómica. Las manchas de pintura del escritorio desaparecieron y empezó a dominar el marrón vetado de la madera. Ahora era frío. Es frío. Los libros se amontonan, los dibujos quedan relegados a las cajoneras junto con las pinturas y los clips de colores. Los diccionarios aturullan mi mente y las matemáticas encierran bajo llave a los seres que otrora imaginaba y que ahora no son más que recuerdos de un pasado que se antoja lejano cuando en realidad no lo es tanto.

La celulosa asesina.
Sé que no soy el único. Sé que muchos también tenéis un lugar maldito como éste. Por eso mismo sé que os apiadáis de mí como yo me apiado de vosotros y vuestras almas.
Antes era un lugar afable, lleno de luz, pinturas, sacapuntas, lápices... Estaba adornado en su parte superior por pósters de Dragon Ball, los Power Rangers, Zelda y otros héroes de la infancia, en cambio hace unos años, todo comenzó a cambiar.
Las pinturas de madera con el alegre ciervo dibujado en la cajita se transformaron como por arte de magia en rotrings, típex, cartabones y un sin fin de objetos acuñados por el mismísimo Satán. Los pósters coloridos y llenos de acción que hacían volar la imaginación dieron lugar primero al blanco y más tarde a un verde apagado y vacío. La silla cambió, ahora no era divertida sino ergonómica. Las manchas de pintura del escritorio desaparecieron y empezó a dominar el marrón vetado de la madera. Ahora era frío. Es frío. Los libros se amontonan, los dibujos quedan relegados a las cajoneras junto con las pinturas y los clips de colores. Los diccionarios aturullan mi mente y las matemáticas encierran bajo llave a los seres que otrora imaginaba y que ahora no son más que recuerdos de un pasado que se antoja lejano cuando en realidad no lo es tanto.




